
Atención amantes de la animación, he aquí una propuesta que data de 1984 y los sorprenderá.
Muchas veces se ha usado la animación para acercarnos a la música. Pero en este trabajo del gran ilustrador norteamericano R.O Blechman La Historia del Soldado de Stravinsky encuentra una representación extraordinaria, que reproduce el espíritu de pieza musical. Lo hace a través de la recreación dinámica y alocada de la historia del hombre que pierde todo ante el diablo.
Su vida nunca le vuelve a pertenecer del todo, engaña y es engañado en un duelo eterno, y la tragedia se impone. Una obra imperdible y original que une grandes talentos para construir una parábola.
Joyas de la animación hay muchas, pero pocas reúnen el talento de un gran dibujante con uno de los compositores más importantes del siglo XX. La historia del soldado da forma a un montaje de gran valor artístico.
Sinopsis
Tras años en la guerra, un soldado vuelve a casa. En el camino se encuentra con el diablo. Hacen un trato: el soldado cambia su violín por un libro que predice el futuro y le dará infinitas riquezas. Pero, antes de irse, debe enseñarle a tocar el instrumento. Cuando vuelve al pueblo, descubre que estuvo con el diablo tres años y nadie se acuerda de él. Desolado, se vuelca a una vida que no lo hace feliz. Decide desafiar al diablo para recuperar su violín, pero pierde todas las partidas.
La historia
Con el mismo espíritu del Fausto de Goethe, esta historia trata de la lucha de un hombre que se arrepiente de haber vendido su alma. Realizada por R.O Blechman, un destacado ilustrador y caricaturista, combina formas de animación donde dominan las viñetas fundidas y los efectos caleidoscópicos, que le dan al relato un carácter de alucinación y de juego, muy adecuado para un registro moderno de este clásico enfrentamiento.
Por qué verla
El filme se basa en una composición de Igor Stravinsky. Su peculiar concepción visual recoge el espíritu de la obra musical y la usa para revivir el drama de la modernidad sin alma que dejó la primera guerra mundial. Pero Blechman no solo nos acerca al sentido de esta magnífica pieza musical, también construye una alegoría perfecta sobre la modernidad actual.






