
Si las versiones clásicas de la Sirenita te parecen anacrónicas, si el sacrificio de la niña pez te resulta insulso, ve esta versión de la leyenda que se convierte en el triunfo de la voluntad de dos amigos.
Aquí todo gira en torno a la voluntad de un niña pez de convertirse en humana y del rol que el descubrimiento de un amigo de cinco años juega en su determinación. De este filme se ha dicho que fue hecha como un homenaje a las víctimas del tsunami del 2004. También se ha destacado que es la más genuina película para niños del maestro japonés.
Efectivamente, la animación parece extraída de la más desbordante imaginación infantil, sin mediación de lo adulto. Eso le confiere un carácter único, donde el realizador se explaya en la recreación de un mundo visto con un ritmo que abandona la contemplación y nos sumerge en la percepción desde los sentidos y las emociones.
Su visualidad es desbordante y el montaje consigue comunicar la determinación de la protagonista como una lucha épica por la emancipación. El mar, el agua y su rol como el origen de la vida, juegan un papel fundamental en el mundo creado por el maestro japonés.
Sinopsis
Ponyo, una menuda pero poderosa niña pez ansía escapar del control de su padre y conocer el mundo exterior. Así es como se encuentra con Sosuke, un niño humano de 5 años por quien decide convertirse en humana. Pero muchas cosas pasan cuando el océano le reclama que vuelva a casa y la pareja de amigos tendrá que imponerse con toda la intensidad de su afecto.
La historia
El maestro Hayao Miyazaki dice que los niños son los que mejor entienden el mundo. En este filme esa convicción articula una trama centrada en la alegría desbordante del encuentro entre dos personajes, que deciden permanecer juntos enfrentando incluso las fuerzas de la naturaleza. Ponyo es una historia de amor y de amistad en el marco de una de las recreaciones del mar más desbordantes de la animación contemporánea, llena de tributos a la iconografía del arte japonés.
Por qué verla
Contemplar la representación de la fuerza de la naturaleza que domina el relato nos conmueve y emociona, haciéndonos partícipes del vínculo que une inexorablemente a la pareja protagonista y los hace fuertes. Su viaje en una barca de juguete sobre el pueblo sumergido, donde nadan peces prehistóricos, acentúa el carácter mítico del mundo de Ponyo y sitúa lo fantástico como la visión propia de los niños sobre el mundo, sin mediar ninguna explicación racional.






