
El mundo de los niños huérfanos puede considerarse un tópico del cine infantil. Este filme cuenta la vida de un grupo de niños internados en una institución por la locura, las adicciones, o la violencia de sus padres.
Esta creativa animación stop-motion, que evoca el dibujo de un niño, reivindica la inocencia y la amistad infantil como implacable arma para conjurar el dolor.
La problemática es realista pero la animación es tierna y delicada. El relato nos advierte que toda vida puede ser vivida, todo dolor puede sanar, si la protegemos.
Sinopsis
Calabacín vive la trágica muerte de su madre, se queda solo y es enviado a una institución de acogida. Ahí la convivencia con otros niños le permite adaptarse a un medio hostil, donde todos luchan contra el abandono y el desarraigo. Cuando Calabacín y los demás niños descubren que pueden ser amigos, se transforman en una pandilla que se protege y se anima.
La historia
Este filme se atreve a develar la crudeza de las historias de sus protagonistas. También apuesta por la convivencia entre iguales como espacio para la resiliencia. Ese es el acto de fe de su director, que utiliza una imaginativa técnica de stop motion para crear una estética que evoca la sensibilidad de los niños y nos permite sentir que entramos en su mundo.
Por qué verla
Esta no es una película edulcorada. Habla sin disimulo de la tragedia de la infancia abandonada. Sin embargo, no solo hace una radiografía del drama del abandono. Marca que la reserva de fuerza que hay en los niños, nos obliga a restablecer la protección que les permita volver a creer.






