BESTIAS DEL SUR SALVAJE. Relatar lo invisible desde la mirada de una niña

Bestias del Sur Salvaje, es una película sorprendente, protagonizada por una niña que cuenta su historia. Desde una mirada absorta ante una forma de vida desconocida, la película nos muestra un nuevo margen de lo norteamericano salvaje. Y lo hace practicando el buen cine, ese que usa de manera inteligente y sensible sus recursos al servicio de una trama intensa, dura e implacable.

El registro de una cámara en apariencia casi documental, nos cuenta una historia de relaciones familiares en una frontera hostil y salvaje, que es la única patria de sus protagonistas.

El relato se centra en la compleja relación de un padre y su hija de siete años, conmovedoramente personificada por Quvenzhané Wallis, como parte del clan que forman con otros como ellos, con quienes habitan una zona no nombrada de la desembocadura del río Mississippi.

De hecho, uno de los detalles más relevantes de la historia es que transcurre en su totalidad en las aguas y el entorno fluvial del extraordinario río. Y tal vez, lo más conmovedor es que la vida en ese sur salvaje es contada desde adentro, con una cámara y una fotografía que registran con mucho verismo el mundo descubierto por el director.

La absoluta solvencia de la propuesta fílmica hace que el relato sea poderoso. La historia necesitaba prescindir de todo efectismo, era necesario volver a la más absoluta austeridad visual. Las actuaciones, la banda sonora y por sobre todo la fotografía, nos remiten a la búsqueda de cierta esencialidad, la misma que ha dado lugar a las más perfectas obras fílmicas.

El muro que separa a la gente del Bayou del resto del mundo, es también un límite en las mentes de los personajes, que parecen estar totalmente identificados con el río. Obviamente llama la atención que vivan dentro de las fronteras interiores  de la nación más poderosa del mundo, a la que parecen ignorar para inventarse otra patria.

El río debe ser venerado más allá de la razón, como el territorio salvaje donde los personajes pueden existir como quieren ser. Lo central es la construcción de esa certeza, que es la única herencia que el padre le deja a su hija.

Sin embargo en el registro no hay ni el más mínimo rastro de idealización. Las condiciones están dadas y no queda más que vivir con el ritmo del territorio que conforma una tierra y una comunidad verdadera. Y cuando el tiempo de la subida de las aguas llega, el río debe conducir sus vidas. 

No es difícil suponer que el director quería contar el deseo de preservar y perseverar en una forma de vida que desafía la lógica. La película logra que lo entendamos, a pesar de que recorre el siempre tortuoso camino de una infancia marcada de manera radical por la lucha por la sobrevivencia. 

Pero no hay que engañarse, no es una película sentimental. Es en el sentido más estricto del término sensible. Y ojo con las bestias del título, la protagonista tiene un místico encuentro con ellas que me recuerda a la princesa Mononoke. Pero eso está en el campo de las asociaciones libres. Véala y atrévase a apostar por sus propias sensaciones.

Rosario Puga

Título original: Beasts of the Southern Wild.

Año 2012.

Duración 90 min.

País: Estados Unidos.

Dirección: Benh Zeitlin.



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