
Esta historia nos sitúa ante la irrupción de la conciencia del mundo en la mente de una pequeña de tres años, tal cual es la vivencia de una niña de esa edad. Hechos simples y triviales se nos presentan como una gran aventura de autodescubrimiento.
Cuando se introduce el tema de la muerte de la abuela y la primera experiencia de la pérdida, el centro del relato se mueve. De ahí el rol principal en su mundo lo ocupa su cuidadora japonesa, quien construye para ella los estímulos que forman su camino para descubrir el mundo.
Cada elemento del proceso encuentra su representación en el orden natural que la rodea, que está magníficamente representado en su brillante estilo de animación.
El hecho de que la película se mantenga fiel a la forma de vivenciar el mundo de la primera infancia, nos enfrenta al hecho de que nos hemos vuelto menos capaces de conectar con el modo en que el mundo le habla a los más chicos. Muchas veces nos fastidian sus incapacidades sociales y comprendemos muy poco de su manera de estar en la realidad.
Sinopsis
Amelie deja de ser un tubo, cuando a los dos años su abuela la introduce en el goce del chocolate. Así, junto con el habla, descubre a la familia y a la naturaleza. Vive convencida que todo eso le pertenece. Pero de la mano de la mujer japonesa que la cuida, irá descubriendo que la ecuación es a la inversa, ella es del mundo. En el proceso vivirá perpleja la pérdida del universo al que cree pertenecer y descubrirá que el recuerdo de lo amado, es nuestro y permanece.
La historia
Uno de los méritos del relato es su fidelidad a la mirada de una niña entre su primer y tercer año de vida, que crece en medio del caos de las sensaciones y de la aparición de las emociones, que le aportan una noción primaria del mundo que habita. Esa identificación absoluta con la mirada de la primera infancia se logra gracias a la expresividad de las imágenes y la sutileza de su animación, que hacen del film un acto de contemplación, fascinante y lejos de toda estridencia.
Por qué verla
Vemos cómo se configura la conciencia de una niña, que debe aceptar que todo lo que la rodea y ama no le pertenece. En esa aceptación se juega la posibilidad de que pueda construir una precaria noción del yo en medio de un caos de sensaciones, donde no se distingue bien la diferencia entre deseo y realidad. La tesis del filme es que en ese proceso emerge la idea del mundo, donde se sitúa la posibilidad de amar.






