MEMORIAS DE UN CARACOL. O el anhelo de los otros

La animación es un ámbito de creación donde confluyen narrativas muy diversas. Muchas de ellas corresponden a propuestas independientes, que la industria no toca con reglas y algoritmos. Esas producciones, se han convertido en los motores de la transformación de la animación en una forma narrativa que trasciende la concepción original que  la consideraba solo un género. Esta historia es una muestra notable de esa resistencia.

En su expansión ha sido clave la producción de muchos realizadores, que han abandonado la identificación de lo animado con el relato infantil. Aunque muchos conservan la estructura de la fábula heredada del cine para niños, sus estéticas y temáticas llevan mucho tiempo poniendo sus raíces en todo tipo de narraciones. Para entender la evolución de los estilos y los temas de la animación actual habría que mencionar la influencia temprana del cómic, el apogeo del anime japonés y, ahora último, la importancia del video juego. Pero hay un tipo de animación cuya evolución escapa de esas influencias, la animación stop motion.

Existen diversas técnicas asociadas a la animación cuadro a cuadro. Todas ellas están al servicio de la creación de mundos que operan como universos cerrados. Mundos donde la materialidad juega un rol estético de gran importancia y donde se puede trabajar la identificación de los personajes con su entorno con mucha originalidad.

Diversos creadores de animación para adultos usan sus diferentes técnicas porque resultan particularmente atractivas para trabajar con lo grotesco, con la ironía, con el humor, o desafiando la memoria histórica.  A muchos, les ha permitido desarrollar un sello propio en  narrativas donde lo real es una motivación perfectamente identificable, que en muchos casos usa referencias al terror psicológico, al suspenso o al realismo social para crear relatos  ejemplares.  Ese es el caso del realizador australiano Adam Elliot, que ha dedicado su trabajo a retratar la dura vida de los marginados, usando la técnica del diseño en arcilla (claymation). En Memorias de un caracol, Eliot cuenta una existencia rota desde la niñez, marcada por la depresión y la soledad. 

Grace, la protagonista, narra su vida a través de su diálogo con un caracol llamado Silvia Plath, que durante muchos años ha sido su principal compañía. Le cuenta la historia de la pérdida de su familia y de la distancia de su hermano mellizo, cuyo forzoso alejamiento supone el despojo más extremo de los muchos que le toca vivir. Toda su vida se organiza en torno al momento en que se volverán a ver.  

El relato está hábilmente armado, usando una narración en off en primera persona, formando una estructura que vincula pasado y presente, que logra generar cercanía en gran medida por el efecto de la estética oscura de las imágenes. En ellas, la técnica de animación cuadro a cuadro usando plastilina, se convierte en una marca de autor, que nos adentra en el espacio abandonado donde transcurre la acción. 

La trama pone particular énfasis en el aislamiento que marca la sobrevivencia de Grace. La opacidad de las imágenes nos recuerda que ese aislamiento, es  una forma de sobrevivencia y también una gran amenaza para la protagonista. Sin embargo, en su solitaria vida hay personajes tan marginados como ella, que la sostienen en su precaria existencia. Con ellos, Elliot construye un raro balance entre el dolor y el afecto. Parte del mérito del filme es que logra librar a la historia de todo exceso sentimental. 
Al igual que en Mary and Max, la bella historia de la amistad por carta de una niña y un hombre con síndrome de Asperger, el anhelo de una vida común con otros es un eje fundamental de la trama. En ambas películas, Elliot evade cualquier simplificación y tiene un humor muy ácido, que aporta una mirada realista a los personajes y a su contexto.

Rosario Puga

Año 2024

Duración 94 min.

País: Australia 

Dirección: Adam Elliot

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