
Vi El encanto del erizo (Le hérisson) antes de leer el libro de Muriel Barbery que inspiró la película. La secuencia de los hechos liberó mi juicio de cualquier expectativa sobre la calidad de la película como adaptación de la obra literaria Primero porque no me parece necesario evaluar un producto audiovisual como resultado de un texto escrito que no sea el guión que lo sustenta. Aunque es deseable cierta fidelidad a la trama que permite reproducir las ideas fundamentales del texto literario, la narrativa fílmica debe moverse con independencia del texto de origen, de modo de convertir esa lealtad en una mirada creativa y libre que atienda al cruce de las expresividades.
La historia del cine cuenta con casos donde ese cruce se apega a la literalidad y da lugar a adaptaciones muy valiosas, como El padrino de Coppola o Muerte en Venecia de Visconti, y otros con márgenes interpretativos más abiertos. Estas últimas declaran “estar inspiradas” en las obras literarias, expresión que ya nos ofrece un marco de lectura. En ambos casos, el origen en una buena obra puede terminar en una mala película, y abundan los ejemplos de ello. En este caso, la eficacia de la película se juega en una independencia que le permite hacerse cargo del espíritu del libro, un acabado ensayo sobre el sentido del conocimiento.
Situada en un contexto de incomunicación marcado por la estratificación de clases de la sociedad francesa contemporánea, la historia se organiza en torno al encuentro de tres personajes: una niña de once años, de inteligencia desbordante y mirada implacable sobre su entorno; una desencantada portera que oculta una gran lucidez; y un enigmático japonés, cuyas vidas se cruzan de manera inesperada. La película avanza con gran eficiencia para mostrar ese cruce, potenciar el peso del azar y definir la convivencia de los personajes en el tiempo y el espacio.
La directora Mona Achache presenta la figura del narrador-personaje encarnado en Paloma Josse, la niña que, a través de su cámara, se esconde y juzga el lugar que ocupan quienes la rodean. Su mundo creativo revela una infancia dolorosa y una mirada implacable hacia su clase y su familia. Un universo claustrofóbico que bien puede explicar sus radicales planes para el día de su cumpleaños.
A mi juicio, el recurso iconoclasta del narrador-personaje, que incluye un bellísimo uso de la animación, otorga a la película el encanto que debe tener todo relato guiado por una voz que invita a mirar desde sus sentidos.
El cuento podría haberse detenido en Paloma; podría haber sido solo un fragmento del brillante libro de Barbery, y aun así habría resultado un buen filme sobre la corrosiva niñez de una superdotada que, como Matilda de Roald Dahl, expone a los adultos desde la infinita soledad de quien se sabe diferente. Pero la historia es otra: la trágica vida de la niña es un pretexto para juzgar el azar que opera sobre afinidades que nada tienen de arbitrarias.
En este caso se trata del descubrimiento mutuo entre tres seres tocados y transformados, que se reconocen en el dominio del saber literario, con el poder que eso les otorga. De Paloma a Renée (la enigmática portera con su gato León) y de Renée a Ozu, se da una operación del descubrimiento, que mueve vínculos inesperados.
La superación de las ideas preconcebidas para develar las cosas posibles ha movido siempre la esperanza como afán cotidiano. Ese es el misterio del erizo: el mismo que en la novela se construye en el paralelo entre dos narradoras, la niña y la portera, y que en la película se concentra en la redención de la soledad de Paloma, narradora de las otras vidas, que se niega a morir después de que la muerte le enseña su lección.
La habilidad de la directora para construir metáforas, dar protagonismo al elegante edificio donde convergen todas las historias, trabajar con la imaginación de la niña e introducir el recurso del metarrelato para reforzar el papel de la narradora, consigue encantar y nos hace transitar la redención de los personajes tras la soledad.
El Encanto del erizo recoge solo una parte de la belleza que Barbery propone en su libro, pero lo hace con una densidad tal que permite empatizar con cada uno de los personajes, incluso con el pez y su premonitoria resurrección.
Rosario Puga
Título Le Hérisson
Año 2009
Duración 95 min.
País Francia
Dirección Mona Achache



