
El naturalista británico David Attenborough celebró 100 años. Toda una proeza que sirve para hablar del valor de su trabajo y del legado que ha construido desde los años cincuenta, cuando entró a trabajar en la poderosa televisión pública de su país.
Desde la BBC dió un golpe de timón al documental sobre la vida silvestre, y forjó una revolución narrativa que llevaría al género a un estadio superior. Situándolo muy lejos de la mirada a lo exótico que había dominado hasta los años setenta, cuando los programas sobre la naturaleza se instalaron en todo el mundo como parte de la programación cultural de la televisión .
Su labor comienza en un punto donde los relatos de la vida animal eran narraciones aterradoras. En ellas, la descripción de la vida en estado salvaje era un cruce entre villanos que asaltaban a víctimas indefensas y un narrador que destacaba el carácter melodramático del eterno enfrentamiento entre el depredador y su presa.
Attenborough rompe con esa modalidad en Vida en la tierra (1979), donde propone un viaje de auténtica observación. De esa decisión nacen relatos que anticipan la pregunta sobre los ecosistemas, sin que los registros pierdan ni un ápice de su fascinación.
Una transformación que irá profundizando de la mano de los cambios tecnológicos, que amplían los recursos fílmicos y permiten un acercamiento cada vez más íntimo y profundo al medio natural y sus múltiples formas de vida.
Su recorrido transforma la práctica documental anclada en la crónica sobre lo extraño y bizarro para convertirla en un espacio de divulgación científica. A la par de su uso de la tecnología, el rigor con que aborda su exploración va imponiendo un cambio en su propia mirada,que pese a sus años no pierde el asombro y se sensualiza, apelando de una manera magistral a la sensibilidad y a los sentidos del espectador.
Sin embargo su verdadera genialidad se asentará en llevar los cambios narrativos del subgénero del documental de naturaleza a un auténtico cambio de paradigma. Su mirada evoluciona desde el reclamo de la conservación, a la denuncia de la destrucción del planeta como resultado de la crisis ambiental que provoca nuestra forma de vida.
Esa honestidad intelectual y su confianza en el valor del saber científico, lo ubica junto a Carl Sagan y Jacques Cousteau como voces que marcan hitos y comprometen a la audiencia a mirar una realidad cada vez más incómoda y dramática, confiando en el valor del conocimiento.
Con el paso de los años, su constante adaptación al nuevo orden visual le da vigencia como un narrador que seduce a audiencias que se transforman, hasta llegar a los públicos actuales con su infinito acceso a la información y su sensibilidad cada vez más atrofiada.
A ellos les presenta cada uno de los sistemas vivos que documenta como un viaje al misterio de la existencia de seres de escalas muy diferentes, que habitan el mundo sin ser vistos .
Pese a su avanzada edad Attenborough encuentra el modo de seguir y cuando muchos ponen en duda lo evidente, insiste en una mirada aguda, que se conmociona con la belleza del mundo que habitamos y pone la vida en la tierra ante nuestros ojos.
No queda nada más que desearle una larga vida y un muy feliz cumpleaños.
Rosario Puga
Título original Life on Earth
Año 1979
País Reino Unido
Director David Attenborough



