LA EXTRAÑA VIDA DE TIMOTHY GREEN. O cuando los hijos crecen en la huerta

Que una película sea simple no es malo. Que tenga aires de fábula tampoco. Ese es el caso de La extraña vida de Timothy Green, una historia sobre hijos que por azar son los padres de sus progenitores. Una película menor pero encantadora, que sirve para revisar las premisas de las llamadas películas familiares, particularmente el carácter que adquirieron como producto de los estudios DISNEY.

La historia gira en torno a la misteriosa aparición de un niño en la vida de un matrimonio que debe enfrentar que no podrá procrear. Su llegada está rodeada de circunstancias extraordinarias que le darán un toque de magia al proceso y hará a la pareja apta para la paternidad.

La trama es liviana pero emotiva y se inscribe en ese tipo de películas donde el carácter familiar es sustantivo. La pareja, a pesar de la frustración por no poder alcanzar su aspiración, no se rebela, más bien se mantiene optimista hasta el límite y desean un hijo con todas las fuerzas posibles, como quien encarga a una hada madrina el hijo ideal. De hecho, la eficacia sentimental de la película se cumple por ese toque algo simplón que cruza la relación y a sus personajes.

Como es una producción de Disney, la película exige entrar en un relato de fantasía que carece de cierta coherencia, pero no sería justo decir que es una mala película. Su principal problema es que solo rosa sus propios tópicos y no profundiza en ninguno. Al final, es lo fascinante del hijo lo que convence a cuenta de una encantadora caracterización. Pero las emociones y problemáticas de los distintos personajes a su alrededor, todas bastante serias, son ignoradas. 

Pero, como buen drama familiar de Disney, arriesga poco: busca enternecer y no ir más allá de la fábula, dejando en segundo plano el amor infantil, la presión sobre los diferentes o la crisis económica de la pequeña ciudad, que solo operan como contexto, mientras todo gira en torno al carácter sobrenatural del niño y se desaprovecha la posibilidad de explorar el peso de la paternidad en una sociedad convencional.
Tampoco se opta por una mirada infantil sobre la crisis ecológica que afecta a las comunidades agrícolas o forestales, pese a que el extraño origen del niño permitiría explorar cómo es crecer en tiempos de inestabilidad ambiental; en ese registro apenas asoma la poderosa imagen de la madera convertida en lápices. 

En la filmografía del director Paul Hedge figuran guiones como “¿Quién ama a Gilbert Grape?” y “Pequeño gran niño”, donde las relaciones familiares alcanzan una profundidad que aquí no se busca. Si se anima a verla junto a los suyos puede que terminen entre silencios húmedos y pañuelos, porque la película es tierna y, si le toca la fibra adecuada, usted también se emocionará. En lo personal, me entusiasma la figuración de los árboles, protagonistas silenciosos de los nudos pendientes sobre el origen de Timothy y retratados en todo su majestuoso misterio por una fotografía notable.

Pero, como en todas las películas de su tipo, La extraña vida de Timothy Green se interesa por presentar una instantánea de la familia. La idea central es el drama familiar para ver entre todos, que nos recuerde que la base de la sociedad siempre será el núcleo familiar y que lo que está más allá de sus límites es difuso. 

La moraleja parece ser: para el oficio de padres no es necesario nada original, aunque los hijos pueden sorprender siendo simplemente excepcionales.

No está mal para una tarde de domingo. Pero hay que tener en cuenta que la función del drama familiar made in USA es reforzar la convicción de que la reserva moral que mantiene intacto el sueño americano reside en los pequeños centros urbanos, con sus domingos de servicios religiosos y béisbol. Y es lógico que todas las patologías del núcleo sean pasadas por alto.

Rosario Puga

Título original :The Odd Life of Timothy Green

Año 2012

Duración 105 min.

País EEUU

Dirección Peter Hedges


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